Después de una década y un golpe militar Tailandia sigue fraccionada

El proceso de reconciliación impulsado por el Gobierno militar no ha resuelto la división entre los dos partidos mayoritarios, que aglutinan el 83 % de los votos, cuando se cumple hoy el tercer aniversario del golpe castrense en Tailandia.

Mientras el progresista Pheu Thai (De los tailandeses), la agrupación en el poder durante la asonada, se remite al pasado y es partidario de analizar la raíz del conflicto, el tradicionalista Partido Demócrata, que gobernó entre 2008 y 2010, dice que el país debe mirar al futuro y pasar página, indicó Efe.

No obstante, ambos coinciden en que Tailandia necesita una democracia estable para alcanzar el progreso social y económico e insisten en que los militares tienen que apartarse del rol político principal que han tomado en las últimas décadas.

“La idea general es que el conflicto (político) surge por el abuso de poder (de los militares) que no respeta la voluntad popular”, declara Phumtham Wechayachai, secretario general del Pheu Thai.

Desde hace más de una década, Tailandia vive inmersa en una crisis política que confina a la nación en un bucle de protestas antigubernamentales, periodos dictatoriales encabezados por el Ejército y lapsos democráticos.

El germen del conflicto data de septiembre de 2006, cuando los militares se hicieron con el poder aprovechando que el entonces primer ministro Thaksin Shinawatra, fundador del partido predecesor al Phue Thai, se encontraba en la sede de la ONU en Nueva York.

Abhisit Vejjajiva, líder del liberal Partido Demócrata y primer ministro del 2008 al 2010, asegura que Thaksin “está en permanente conflicto con el Estado tailandés” y pide al Phue Thai que se aparte de su “influencia” para “mover el país adelante”.

Unas alegaciones desestimadas por Phumtham, quien recuerda que el ideólogo de su agrupación vive desde 2008 en el autoexilio tras ser condenado en rebeldía por corrupción y, legalmente, su implicación con el Phue Thai llevaría a la “disolución” del partido.

En 2011, Yingluck Shinawatra, hermana menor de Thaksin y neófita en política, encabezó la amplia victoria del Phue Thai en las elecciones generales.

No obstante, su Administración sufrió el mismo sino y fue depuesta por el Ejército el 22 de mayo de 2014, tras meses de manifestaciones callejeras que debilitaron la economía local.

El actual Ejecutivo militar, liderado por el general Prayut Chan-ocha, convocó entre febrero y abril de este año a más de 50 formaciones políticas para escuchar sus opiniones y propuestas respecto al conflicto, en la primera de las cuatro fases orquestadas por la Comisión para la Reconciliación de Tailandia.

“Esperamos que el proceso sea un éxito. Cada política que hemos introducido sirve de pavimento para el desarrollo del país y salir del bucle. Si todo discurre conforme al plan, Tailandia será una fuerte democracia”, señala Weerachon Sukondhapatipak, portavoz del Ejecutivo militar de Tailandia, en la Sede del Gobierno.

Kongcheep Tantrawanich, portavoz del ministro de Defensa y uno de los líderes de la citada comisión, rechaza que el Ejército haya enturbiado la situación del país y acusa a los políticos y la prensa de “empeorar el conflicto”.

“El Ejército siempre trabaja con el pueblo para proteger los intereses populares y nacionales”, zanja en tono seco el militar, quien evita pronunciarse sobre las acciones futuras del cuerpo castrense en caso de un nuevo descarrilamiento político.

El representante del Phue Thai, tras participar en las reuniones, reclama un órgano “imparcial” y asegura que existe una persecución del Gobierno militar contra sus correligionarios, al citar como ejemplo un juicio abierto por negligencia contra Yingluck que le podría acarrear hasta diez años de cárcel.

La Asamblea Nacional, escogida a dedo por los militares golpistas, también inhabilitó para cualquier actividad política durante cinco años a Yingluck y a otros miembros del Phue Thai.

Una de las decisiones más polémicas del actual Ejecutivo castrense es la configuración del futuro Senado, cuyos 250 miembros serán elegidos por la junta militar y podrán participar en la elección del próximo primer ministro, lo que permitirá “continuar con el periodo de transición”, según los uniformados.

Los militares, manifiesta Phumtham, “quieren mantener el poder a largo plazo (…) la reconciliación solo se puede producir en una sociedad democrática y no en una dictadura (…) El Senado conllevará más conflictos porque el líder del Gobierno será una selección militar”.

Abhisit también rechaza “el rol activo del Senado para guiar el proceso político” porque podría dirigirlo a un nuevo “punto muerto” y porque no ayuda a “crear un entorno adecuado para la democracia y el proceso de reconciliación”.

Conforme a los últimos cambios de la hoja de ruta del Gobierno, que recientemente vio refrendada la nueva Constitución del país, en 2018 se celebrarán elecciones democráticas, que se han ido retrasando desde la asonada.

No obstante, ambas formaciones políticas dudan que los comicios tengan lugar el año que viene.

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